Las emisiones de CO₂ y su influencia real en el medioambiente

Las emisiones de CO₂ y su influencia real en el medioambiente

Hoy en día, prácticamente nadie duda de que el planeta está viviendo un proceso de calentamiento global, al que con frecuencia se llama también cambio climático. Pero, ¿está este calentamiento causado por el ser humano? ¿O es un proceso natural? A estas cuestiones no resulta tan sencillo responder.

Lo que sí está claro es que el clima es cíclico de forma natural, aunque todo apunta a que actualmente su cambio se está viendo agravado o acelerado por la acción del ser humano. El proceso en su conjunto se está estudiando desde diversas perspectivas, con la finalidad de analizar sus causas y advertir sobre sus consecuencias.Y uno de esos ámbitos de estudio son las emisiones de CO₂.

¿Cuáles son los efectos del CO₂?

Las emisiones de CO₂ provienen, generalmente, de los vehículos que utilizan derivados del petróleo, de la generación de energía eléctrica y de la industria. Y, al parecer, constituyen una de las causas que más influencia tienen sobre ese cambio climático del que te hablamos.

El fenómeno por el que el CO₂ incide en la temperatura es conocido como efecto invernadero. Consiste en que las moléculas de CO₂ presentes en la atmósfera dejan pasar la radiación solar hasta la superficie del planeta, pero al mismo tiempo una parte de esa radiación no sale hacia el exterior. Por eso, un aumento del CO₂ comporta un aumento de la energía que queda retenida en la Tierra y, por tanto, genera una subida de la temperatura.

Los estudios son concluyentes: la temperatura media de la superficie terrestre se ha incrementado durante el siglo XX en 0,6 ºC. Y en el siglo XXI se prevé que aumente entre 1 y 3º C. Pero ¿es el CO₂ el único causante?

¿Qué otros factores influyen en el calentamiento global?

Son muchas las causas que provocan el calentamiento global, además de las archiconocidas emisiones de CO₂. Y estas pueden tener su origen tanto en los seres humanos como en la propia naturaleza. De hecho, desde 1880 hasta ahora se registran las siguientes causas:

  • La temperatura del Sol.
  • Sucesivos cambios en la órbita de la Tierra.
  • Los volcanes y los efectos de sus erupciones.    
  • El ozono.
  • La deforestación.
  • La contaminación derivada de fertilizantes y aerosoles.
  • Los gases de efecto invernadero, es decir, el CO₂.

Así pues, no es un error relacionar el CO₂ con el aumento de las temperaturas. Pero sí es una equivocación pensar que es el único causante. Y mucho más asociarlo únicamente a la actividad de los vehículos a motor o de las fábricas. 

Por ejemplo, ¿sabías que la ganadería es la responsable del 15 % de las emisiones de efecto invernadero en todo el mundo?

Entonces, ¿hasta dónde llega la influencia del CO₂?

El debate está servido: a pesar del aumento continuo del CO₂ en la atmósfera, la temperatura de la Tierra se mantuvo constante entre 1940 y 1975. ¿Por qué? Los negacionistas se apoyan en ese estancamiento para mantener que el cambio climático es algo pasajero y natural. Y recuerdan, por ejemplo, el avance de los glaciares que se produjo entre los siglos XVII y XIX y el calentamiento que permitió a los vikingos colonizar Groenlandia mil años atrás.

Aparte, existen evidencias que ponen en duda el tan negativo efecto del CO₂ en la naturaleza. Por ejemplo, Richard Lindzen, físico atmosférico de renombre que trabaja en el MIT, sostiene que en vez de contribuir al calentamiento global, el mayor vapor de agua que se genera a través del CO₂ ayudará a reducirlo. 

Además, se ha comprobado que el CO₂ influye en el incremento de la forestación del planeta. Teniendo en cuentas que, a su vez, los árboles absorben CO₂ para crecer y sobrevivir, ello mismo permite que se neutralicen parte de las emisiones.

Basta con comprobar cómo en los países más desarrollados los bosques no han parado de crecer en los últimos años. Según The Economist, Irlanda solo contaba con un 1 % de masa forestal mundial en 1922, mientras que ahora posee el 11 %. Y, en España, la superficie arbolada ha crecido más de un 30 % desde el año 1990. En resumen: el mundo es hoy un lugar más verde que hace treinta años, a pesar de que las emisiones de CO₂ son mayores.

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